miércoles, 13 de enero de 2010

El valor de la cortesía


“En cualquier lugar en el que haya un ser humano, existe una oportunidad para la generosidad”
Seneca

En nuestro mundo actual, en nuestro día a día, con el pensar constante y egoísta de satisfacer nuestras propias necesidades… ¿nos preocupamos por buscar la forma de hacer lo correcto?

Tenemos la necesidad de creer en algo que nos dé una dosis de motivación y significado a nuestra vida. Pero un punto crucial que hemos descuidado o tal vez olvidado es que nuestro éxito en la vida involucra la forma en la que nos tratemos los unos a los otros todos los días.

El hacer las cosas bien implica reducir la carga en la vida de las personas a nuestro alrededor.

Esta premisa funciona en cualquier lugar del mundo. Si como sociedad miramos con detalle el código de comportamiento basado en el respeto, comedimiento, y responsabilidad, entonces encontraremos la urbanidad o cortesía.

Podemos ser unos buenos conductores de nuestras acciones y nuestras emociones y así reducir el impacto de lamentar nuestra infelicidad en nuestras vidas. A pesar de que en la vida se considera la existencia de sufrimiento, podemos hacer algo al respecto. Nuestras relaciones humanas son parte de la vida. Las buenas relaciones pueden hacer nuestra vida más cordial, las malas relaciones pueden hacer que nuestra vida sea intolerable. Aunque algunas veces podemos ser felices a pesar de otros, generalmente somos felices gracias a ellos, gracias a la relación con ellos.

Para aprender a ser felices tenemos que aprender cómo vivir en armonía con los demás y la cortesía es la clave para ello. A través de la cortesía desarrollamos la capacidad de pensar cuidadosamente antes de actuar, fomentamos una efectiva expresión propia y comunicación y ampliamos el rango de nuestras respuestas positivas. La cortesía permite que nos conectemos con éxito con otros.

Necesitamos contar con un amor propio sano y trascender en nosotros mismos.

En el momento en que encontramos un equilibrio, es el momento en que el bienestar y la felicidad inician.

Nosotros existimos y percibimos nuestra identidad en relación con otros. La vida es relacionarse. Nos guste o no, somos la cera sobre la cual otros dejan su marca. Cuando alguien quiere utilizarnos o abusar de nosotros, ello se convierte en una parte de quiénes somos, a pesar de nuestro amor propio. Sin embargo, Cuando estamos en el lado receptor de un acto de amabilidad, nos sentimos validados. Traducimos el acto a un mensaje tácito muy simple, de gran alcance para nosotros mismos: “tengo valor y mi vida tiene significado”. Es entonces cuando empezamos a comprender el valor de la cortesía.

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